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TWITTER

No me vas a convencer de que eres la polla por más que retuitees cada puto piropo que te hacen.

¿Te imaginas que Al Pacino retuiteara cada vez que alguien dice que “El padrino” es la hostia?

¿A que te caería mal?

¿A que llegaría un momento que dirías: “Hostia, Al Pacino! Que pesado eres cabrón. Ya sabemos que estás super bien en el padrino. Para de retuitearlo. ¿Otro retuit? ¡Unfollow!”?

Al Pacino ni siquiera tiene tuiter.

No tiene la presión de “¿habré ganado followers o los habré perdido?”

Al Pacino no se levanta por la mañana en plan:

“A ver si consigo ser TT con #AlPacinoforpresident”

No.

Al Pacino se levanta por la mañana y se hace un café que se toma leyendo algo.

Y si la taquilla de su última película ha sido espectacular no corre a ponerlo en twitter.

“Mi peli lo ha petado!! Gracias a todos!”

Es Al Pacino.

No necesita convencer a nadie de que es bueno.

Aunque sus últimas películas digan lo contrario en algunos momentos.

Que por cierto:

También lo sabe.

Si Al Pacino tuviese twitter no necesitaría que un desconocido con la foto de perfil de un gato con una metralleta le dijese:

“Tu última peli es puta mierda”

Ya lo sabe.

No entiendo a la gente que aprovecha twitter para insultar.

Todos los tuits con insulto deberían llevar por ley la ubicación desde donde se ha escrito para que el insultado pudiese ir a romperte la cara.

Una aplicación nueva que detecta que si hay un insulto en tu tuit, sin que tú puedas evitarlo ponga tu ubicación exacta en el tuit.

Ya veríamos cuantos valientes quedan.

Me fascina esa gente que se pone un nombre falso, una foto falsa y aprovechan para insultar.

“Soy tan valiente que me he disfrazado para decirte lo que pienso de ti”

Tampoco entiendo que te piques.

Si alguien te insulta bloquéale y a tomar por el culo.

“Es que luego se hacen otra cuenta y siguen insultando”

Pues le bloqueas otra vez.

¿quién crees que se cansará antes?

¿El que solo tiene que clicar un botón o el que tiene que crearse una dirección de correo nueva, otro perfil en twitter e insultarte una vez?

Se rendirá.

Y si no se rinde, mejor.

Al menos sabes que es una persona que está encerrada en casa y no en la calle estropeando el planeta.

No quiero que parezca que no me gusta twitter.

Me gusta.

Mucho.

Todo lo que me pueda gustar algo que no tiene sentimientos, claro.

Pero me gusta.

Es solo que creo que hay cosas que deberían moderarse.

Puede que lo de retuitear piropos sea lo que más nervioso me pone.

En segundo lugar la gente que insulta.

En tercer lugar el repetir una y otra vez lo mismo.

Si no he querido ir a tu cosa la primera vez no iré a la segunda y mucho menos a la tercera.

Este último error yo lo cometo constantemente.

Estoy tratando de corregirlo.

No prometo que sea rápido.

Pero si te molesta infinito bloquéame y ya está.

Hay unas cuantas cosillas más que no acabo de entender sobre twitter pero las más importantes están en este video.

Échale un vistazo y si te gusta o estás de acuerdo… compartelo, anda.

Ahórrame tener que retuitearlo todo el rato.

Medioambiente

Hay preguntas que sobran.

Si ves que vacío un carrito de la compra con tantos productos que llenan la cinta corredera ya sabes que necesito bolsas.

Más de una vez he estado tentado de responder:

“No. Mi plan es dejarlo todo bloqueando tu puta caja e ir haciendo viajes al coche”

Cuando yo era más joven las bolsas del supermercado eran gratis.

Y no me vengas con cuentos del medio ambiente porque si te pido diez bolsas me las darás.

Me creería lo del medioambiente si cuando pidiera una bolsa de plástico saliera un grupo de gente a insultarme.

Gente que dice cosas como:

“Ahí está el hijo de puta que sigue pidiendo bolsas de plástico. ¡Sujetadlo y vamos a mearle en la boca!”

Pero eso no pasa.

Lo único que pasa es que si te pido una bolsa de plástico me la vas a cobrar.

0,5 céntimo.

Un precio que nos podemos permitir.

Algo que demuestra que la excusa del medioambiente es falsa.

Si quisieras que la gente dejase de usar bolsas de plástico me las cobrarías a cien euros.

Harías que realmente me pensara el comprarme la bolsa.

Harías que tuviera que hablar con mi mujer sobre esa decisión.

“¿Compramos la bolsa o damos de comer a los niños?”

Si quieres cuidar el medioambiente ve a saco.

A muerte con todo.

Instala francotiradores en la azotea y a todo el que se acerque a tu supermercado con un coche que no sea eléctrico, ordena que disparen a la puta cabeza en cuanto lo tengan a tiro.

Así poco a poco la gente sabrá que vas en serio.

Sé que no tiene sentido que la pregunta “¿Vas a querer bolsa?” me haya cabreado tanto.

Lo sé.

Pero tampoco tiene sentido que cuando te diga que no, me des doscientos putos papelitos contándome la cantidad de descuentos que tendré en mi próxima compra.

Si tienes un supermercado… ¡se coherente!

Adiós

TQ

El día que se sustituyó “te quiero” por “tq” fue cuando todo se fue a la mierda.

El día en que a alguien le pareció que escribir “te quiero” le hacía perder demasiado tiempo y optó por escribir “tq”.

Podría llegar a entender que alguien hubiese tomado esa decisión si la palabra que hubiésemos escogido los seres humanos para expresar el sentimiento de querer alguien fuese una palabra que escribirla o decirla te quitara cuarenta y cinco minutos.

No apetece meterte con alguien en la cama, darle las buenas noches y saber que te quedan cuarenta y cinco minutos por delante para decir “te quiero”

En ese caso, simplificar la palabra no me parecería algo absurdo.

Me parecería normal.

Incluso sano.

Porque a lo mejor tú no estás muy cansado y no te importa pasar cuarenta y cinco minutos diciendo la palabra pero si la otra persona está agotada, no es justo que tenga que esperar cuarenta y cinco minutos antes de cerrar los ojos.

Y necesario.

Porque a lo mejor un día despiertas con el tiempo justo y tienes que optar entre llegar tarde al trabajo porque no quieres irte de casa sin decirle esa palabra a tu mujer o no decírselo.

Sabiendo que si no se lo dices a lo mejor ella se queda preocupada.

En ese caso entendería que el ser humano hubiese optado por simplificar la palabra.

Pero no entiendo el ahorro de letras en algo que no se tarda nada en escribir.

Y como después de mandar “tq” nadie le dio dos hostias, ese sistema empezó a aplicarse a más palabras.

Imagino al tipo corriendo por la Gran Via al grito de:

«¡¡Mi vida no me permite escribir todas las letras que tiene esta palabra!!»

Y poco a poco, los que escribían todas las letras de las palabras se convirtieron en una especie en extinción.

Pero alguien decidió hacer un último intento por devolver a las palabras todas sus letras e inventó el corrector del iphone.

Un aparato que en cuanto pones dos letras juntas te las cambia por palabras.

Un guerrero solitario que intenta que no se pierda el lenguaje escrito.

Una aplicación que cada día recibe millones de insultos pero a pesar de todo sigue ahí.

Una aplicación que la mayoría vemos como un enemigo por un motivo muy simple:

No nos hemos parado a pensar realmente como funciona.

Hasta ahora.

En este video se demuestra que el corrector ha llegado a nuestras vidas para hacer el bien.

Ha llegado para evitar que un día le escribas a alguien “te quiero” y no entienda lo que quieres decir.

Ama al corrector.

Nosotros lo amamos.

Tanto, que al final del video, podrás escuchar la canción del corrector.

TOP MANTA

Hace un par de semanas hice algo que hacía años que no hacía:

Coger una película del videoclub.

Viajé al pasado.

Recordé cuando de crío, ir al videoclub era una fiesta.

El viaje al videoclub se hacía con nervios.

Y si al acercarte al videoclub veías a alguien que también iba al videoclub acelerabas el paso para entrar antes que él.

No bromeo.

Si de niño hubiese tenido un revolver, en la puerta de ese videoclub hubiese muerto mucha gente.

Me he tomado la licencia de dar por sentado que sería un niño con muy buena puntería.

Si de niño hubiese tenido un revolver seguramente hubiese pasado los sábados disparando a calabazas en el campo.

Para que eso pasara mis padres deberían haber aprobado que yo tuviese un revolver, claro.

Algo que conociendo a mis padres no creo que hubiesen aprobado.

Pero da igual…

Si de niño se hubiesen dado una serie de circunstancias que no se dieron, seguramente ahora estaría en la cárcel.

Me alegro de no haber tenido un revolver cuando era niño.

Al tema…

Cualquiera que entrase antes que tú en el videoclub era un enemigo.

Era alguien que podía coger de la estantería la carátula de la película que tú querías alquilar.

Incluso aunque no estuviese seguro de querer llevársela.

En un videoclub, si eras un cobarde hijo de puta, podías bloquear la película cogiéndola entre tus brazos mientras mirabas el resto.

Como no había Internet, escoger una película era un proceso lento.

Como no había Internet no sabías casi nada de las películas.

Mirabas la carátula y si te gustaba leías la sinopsis.

Una vez escogida le preguntabas al dependiente si la había visto y él te daba su opinión.

Su opinión experta:

“A mi es que no me gustan las de acción”

Y con esa información decidías.

Con el tiempo, el videoclub hizo algo aún más fascinante:

Películas pirata.

Había un catálogo con las películas que aunque no estaban a la vista por si entraba la policía pero que él tenía en el cuartito de atrás.

Lo acojonante es que esas películas, incluso siendo en VHS se veían mejor que las que venden en el top manta.

Nunca he comprado una peli en el top manta.

Y eso que han intentado convencerme con argumentos tan convincentes como:

“Si se ve mal, vienes mañana y te la cambio. Yo siempre estoy aquí”

¿En serio?

¿Siempre estás aquí?

Supongo que te refieres a “siempre que alguien no grite “¡agua!”, claro”.

Tampoco tengo muy claro cual es el criterio para decidir que la película pirata que has comprado no tiene la calidad esperada.

Es decir:

Sabes que se verá y escuchará como la mierda porque se ha grabado desde la butaca de una sala de cine.

En serio alguien ha tenido esta conversación:

“Hola. Me alegro de verte. Aunque me dijiste que tú sitio era la calle princesa, no has vuelto allí en dos años. Pero no hablemos de eso. Lo importante es que hace dos años te compré esta película y me gustaría cambiarla porque a la mitad, se escucha a un señor toser”

No creo que nadie devuelva una película comprada en el top manta.

Y si alguien lo ha hecho que cuente su experiencia por favor.

Cuando el otro día salí del videoclub recordé algo que también existió cuando yo era más joven:

El video comunitario.

Los que no vivisteis eso os perdisteis algo grande.

El video comunitario era un canal de la tele que estaba conectado a alguien del edificio que había decidido que todos podíamos ver la película que el alquilase si poníamos ese canal mientras él la veía.

Es decir:

Alguien que tenía video y la posibilidad de alquilar una película había decidido compartir ese lujo con el resto de vecinos.

No había condiciones para acceder a ese canal.

Alguien muy majo decidía compartir.

Y eso me llevo a pensar en la diferencia que hay entre los vecinos de antes y los de ahora.

Los de antes compartían sus cosas.

Los de ahora no.

Los de ahora no comparten nada.

Es más…

Ponen contraseña a una de las cosas más hermosas que existen:

Su red WIFI.

Es hermoso conectarse a Internet y ver que hay muchas redes wifis a tu alrededor pero es triste ver que todos le ponemos contraseñas para que nadie las use.

Sin embargo a veces pasa algo:

Un vecino tiene su red wifi desprotegida.

Y entonces, por jugar, nos conectamos a ver que tal va.

Y si va bien… nos quedamos conectados.

Y eso… aún no sé si está bien o está mal.

Pero porque en Internet aún es complicado saber que está bien y que está mal.

Algo que en la vida real no pasa.

Por eso hemos hecho este video.

Para que saques tus conclusiones sobre si robar está bien o mal.

Este video es para todos aquellos que os conectais a la wifi del vecino y para todos aquellos que sabéis que se conectan a vuestra wifi.

Tuitpésame

Sé que hay algo macabro en esto pero me gusta leer los pésames de la gente en twitter porque te da una pista de cuanto admiraban o querían a la persona que acaba de morir.

Hay quién dedica una frase larga y quién se limita a:

“Ha muerto tal. Gran persona. Descanse en paz”

Y me parece bien lo de dar el pésame públicamente.

Creo que tiene más sentido decírselo a la familia pero porque creo que si alguien se me acerca en la cola del supermercado y me dice: “Siento mucho que haya muerto Steve Jobs”… me quedaré raro.

Y sé que el dar el pésame públicamente no es más que una manera de querer llegar a los familiares.

A los familiares a los que el muerto les importaba poco, claro.

Porque si cuando muere alguien a quién quieres, entras en twitter a ver cuanta gente le da el pésame… eres raro de cojones.

Pero lo que me divierte de leer los pésames no es tanto el dar el pésame como el que a veces tengo la sensación de que dar el pésame en twitter se convierte en una competición de:

“Veamos quién suelta la frase más bonita”

Y eso es divertido porque va a morir mucha gente y tendremos que dar el tuitpésame muchas veces lo que significa que más nos vale tener un surtido de frases bonitas con las que impresionar porque sino, se nos verá el plumero.

Está claro que si damos el pésame por twitter, también querremos saber cuantos retweets hemos tenido.

Y cuantos más, mejor.

Son las reglas de twitter.

Y me extraña que nadie haya dado el pésame y al terminar haya puesto un:

“(…) RT si te ha emocionado”

Antes de que existiese twitter estoy convencido de que enterarse de la muerte de algunas personas se limitaba a un:

“¡Hostia! ¿se ha muerto este/a?”

En algunos casos incluso:

“¡Hostia! ¿Pero este/a no estaba ya muerto?”

Y seguías con lo tuyo.

Pero en twitter no puedes poner eso.

No puedes poner:

“Pues yo pensaba que ya había muerto hacía tiempo. RT si tú también”

Y menos si eres un personaje público.

Porque tienes que quedar bien.

Así que hay que emocionar.

Y me gusta imaginarlo como una competición porque me gusta creer que hay gente sentada frente al ordenador que al leer el tweet de alguien dando el pésame… se enfada.

Se enfada en plan:

– ¡¡Hijo de puta!! ¡¡Que bonito ha sido eso!! Está claro que ahora no puedo poner lo de “al menos en el cielo hoy sonreirán con su llegada” porque es menos bonito que lo que ha puesto este hijo de puta –

Pero es divertido.

Sobretodo porque cuando muere un familiar nuestro no tenemos frases tan bonitas, coño.

Cuando murió mi abuelo me limité a un:

– Que putada –

Pero no pensé si el cielo se alegraría con su llegada ni si los lápices de su mesilla habrían llorado por las palabras que ya nunca escribirían.

Pero igual eso solo me pasa a mi.

Lo importante es que hay que ir pensando ya en lo siguiente.

Porque lo del pésame ya se está quedando antiguo.

Lo siguiente yo creo que será twittear tu última frase.

Lo siguiente será aprovechar tu último suspiro para decir:

– Dame el móvil. Quiero twittear que me muero en dos segundos –

Y los que estén junto a él pensarán:

– ¿En serio va a twittear en lugar de mirarnos a los ojos y cogerme de la mano? ¿En serio quiere más a esa gente que no conoce de nada? –

Y saldrán de la habitación.

Y el tipo morirá solo.

Bueno…

Solo no.

Abrazado a su teléfono y contando cuantos RT tiene su último suspiro.

Mi nevera

De todos los electrodomésticos que tengo, creo que la nevera es mi preferido.

Pero el otro día pasó algo.

Metí unas cervezas y al sacarlas… seguían calientes.

Miré la cerveza, miré la nevera, toqué el resto de cervezas y…

Estaban calientes.

Mi nevera había dejado de enfriar las cervezas.

Lo primero que pensé es que había dejado de enfriar las cervezas por un tema personal suyo pero me pareció raro porque las neveras no tienen cerebro.

No pueden escoger lo que quieren enfriar y lo que no.

Son maquinas.

Viven en la esclavitud de tener que enfriar TODO lo que nosotros metamos dentro.

Y si no me creéis haced la prueba.

Meted algo en la nevera y decidle:

“¡¡Esto no lo enfríes, nevera!!”

Veréis como no os obedece.

Lo enfriará.

¿Por qué?

Porque son máquinas sin cerebro ni corazón.

Punto.

Así que el hecho de que las cosas no estuviesen frías se debía a un problema técnico.

Llamé a un médico de neveras más conocido como  “el tío que hará que, en caso de que no tengas hijos para sacrificarlos frente a él, debas prostituirte para pagar la reparación”

El tipo vino, miró la nevera y me dijo que no estaba rota.

Que era una chorrada.

Simplemente le faltaba gas.

Sí.

Algunas neveras llevan una carga de gas.

Abrió su maletín, sacó una botellita de gas, cargó la nevera y me dijo:

“Ya está. Dentro de 48 horas puedes volver a enchufarla. Son 200€”

¡¡200 euros!!

Sé que las reparaciones tienen un coste pero 200€ por poner un chorrito de gas en una nevera… ¡No me jodas!

Porque si 200€ es por poner un chorrito de gas…

¡¿Cuánto costará el día que se rompa de verdad?!

¡¿Dos millones de euros?!

Si al menos el gas hubiese sido fabricado con su sangre y la sangré de un cervatillo cazado en Mongolia, lo entendería.

Hubiese pensado:

“joder… es que el tío ha tenido que ir a Mongolia a cazar un cervatillo y luego sacarse sangre para que yo pueda tener cerveza fría. Normal que quiera 200€”

Pero el gas venia en una puta botella que se compra en el Alcampo.

Y en ese momento se me ocurrió algo que nunca he hecho pero que creo que empezaré a hacer cuando tenga la sospecha de que me están timando.

A partir de ahora la cosa irá así:

El técnico llegará a casa, yo abriré, el entrará, yo cerraré con llave, el arreglará su cosa, me pedirá 200€, yo le daré el dinero, el tipo los guardará en su cartera, irá a la puerta, estará cerrada, me dirá: “¿Me abres, por favor?” y yo le diré:

“Claro. Son 150€”

“¿Qué?”

“Lo que oyes. Sacar la llave de mi bolsillo, meterla en la cerradura, darle dos vueltas y abrirte para que puedas salir tiene un coste de 150€. Y tienes suerte de que no sea fin de semana porque si llegas a tener que venir un domingo lo flipas, cabrón”

Si queréis probar mi estrategia no os cortéis.

Ya me diréis que tal.

Y ahora voy a tomarme una cerveza caliente viendo la tele.

Mi día solo puede mejorar.